- ¿Cuándo decidirás dejar de engañarte a ti misma?
- y tu, ¿Cuándo te decidirás a dejarme tranquila?
- Sabes, de sobra que no lo digo con mala intención. Te conozco mejor que nadie y creo que ya es hora.
- ¿Me volverás a dar la charla de siempre? Porque mira que ya me la se de memoria ...
- No tranquila, pero ahora no pongas esos lindos ojos en blanco, y tampoco empieces a decirme que desafortunada eres en el amor, en la suerte y en todo lo demás.
- Es así y si tan bien me conoces, no hace falta decir nada, tu mismo lo ves.
- Claro, claro, eso es porque tu aceptas el amor que crees que mereces.
- ¿A qué te refieres?
- Te quejas, de porque siempre andas fijándote en los chicos que no te convienen, ¿no?
- No siempre, pero ahora sí.
- Pues eso es por lo que he dicho.
En ese momento, el silencio inundo la habitación y Lía giro la cabeza mirando a la nada, mientras Sergio, le acaricio la cara, para que le mirara.
- Mira Lía, no puedes quedarte ahí como siempre y poner tu vida por delante de la de todos los demás. Ya es hora de que mires un poco por ti. No puedes ponerle límites a los demás. Tu solo, sonríe, se tu misma y deja que todo fluya.
- Lo sé .. lo intento.
- Entonces, ¿qué excusa tienes?
-¿Para?
- Para actuar como actúas.
- No me gusta hacer lo que los demás esperan de mí .. ¿por qué hacerlo?
- ¿Entonces, los decepcionas desde el comienzo?
- No exactamente .. bueno, algo así.
- Pues te has equivocado.
-¿Cómo?
- A mi no me decepcionaste.